Dojomarcial: dolor
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viernes, 13 de noviembre de 2015

Mentalidad escolar: Cuesta mucho, tarda demasiado

Ya sea literalmente o inconscientemente, muchos no se dedican o dejan de dedicarse a las artes marciales por tener una mentalidad escolar: cuesta mucho, tarda demasiado.

Ejemplo de cara de felicidad que los escolares adoptan al ir por obligación a estudiar...
 Digo mentalidad escolar, porque la escuela es obligatoria...no necesariamente mala, puede incluso gustarte, pero lo cierto es que a veces no querrías asistir...en ese momento, a esa hora, querrías seguir durmiendo...querrías evitarlo...y podrías, pero en la práctica, siendo chico, "absorbido" por la fuerza de la costumbre y el sistema, es poco menos que imposible...

Eso crea esta mentalidad escolar a la que me refiero, la de tomar a cosas que requieren esfuerzo como algo con un final, y no como un fin o un medio para el disfrute sin caducidad o fecha de vencimiento, sin límite más allá del que tiene la vida...

¿Acaso alguien piensa "cuesta mucho, tarda demasiado" cuando un domingo se va a jugar un partidito de basquet o fútbol? ¿o acaso cuando tiene actividades más placenteras en la horizontalidad de un cómodo lecho con algún compañero o compañera ocasional? Aquí la pregunta se revela absurda, ya que cuando algo se disfruta, el esfuerzo no sólo vale la pena, sino que en realidad vale el placer, y pena, no hay ninguna..sufrimiento físico quizás, pero sin pena, un pequeño pago en sudor para alcanzar o rozar lo lindo de un arte y de estar vivo...

Así que, no quiero, por favor, escuchar más los lamentos de los que se quejan por lo que cuesta o por lo se tarda ser cinturón negro. Mi visión es precisamente la opuesta, la misma que tenía cuando leía los gigantes libros del Señor de los Anillos: que bueno que duran mucho porque, ojalá, durara para siempre...

...no tenemos suerte de ser inmortales, pero podemos practicar como si lo fuéramos. Vivamos el momento, ¿qué importa lo que tarda o lo que cuesta si es lo que queremos hacer?

miércoles, 9 de octubre de 2013

Dejar de sentir dolor para seguir luchando

El dolor es, según la teoría más aceptada, una forma de aviso que el cuerpo pone en marcha para que intentemos evitar algún tipo de daño que estemos recibiendo...llegando a ser incapacitante con el objetivo de reducir ese daño. El problema es que a veces este mecanismo reflejo puede jugar en contra de nuestra supervivencia...

Cuando nos torcemos un tobillo el dolor nos hace desistir de caminar...salvo que estemos dispuestos a sufrir. El cuerpo da por sentado que si no hay un motivo más imperativo que obligue a movernos pese a sentir ese dolor, lo mejor será quedarnos dejar la parte lesionada quieta. Un mecanismo defensivo, eso es el dolor.

Pero a veces será necesario hacer caso omiso de la alerta del "algia" que nos afecte. Si, volviendo al ejemplo del esguince de tobillo, se nos viene una avalancha encima, una tormenta eléctrica nos amenaza o nos persigue un animal salvaje, el dolor pasará (o "tendrá" que pasar) a segundo plano, la prioridad es la supervivencia, no el confort.

De hecho, existe lo que podríamos llamar un "contramecanismo" o un "contrainstinto" que hace que bajo una situación de estrés que tomemos suficientemente en serio, el dolor se "anule" inconscientemente de forma automática. Es lo que se suele explicar como "la liberación de mayores cantidades de adrenalina".

Muchas artes marciales consideran que el mecanismo defensivo del dolor puede entrenarse para prescindir de él durante un combate o una lucha, ayudando al cuerpo a estar preparado para la defensa o el ataque, aún antes de que la dosis de adrenalina instintiva haga su efecto. Para esto algunas de estas artes marciales buscan, por ejemplo, endurecer ciertas parte del cuerpo, pero casi todas directa o indirectamente hacen lo mismo con la mente: la "entrenan" para aprender a desenvolverse "sin dolor" (miedo) bajo situaciones de lucha o combate.

Las artes marciales duras fortalecen a base de "endurecimiento" (ejercicios de kotekitai en karate) o, en el caso extremo, de "auto-lesiones", las partes críticas del cuerpo usadas para atacar, junto con aquellas en la que se espera un ataque. Vemos así como se golpean sistemáticamente superficies duras para endurecer los nudillos (makiwara), formando cayos; se raspa con palos las tibias para buscar la insensibilidad de estas haciendo las patadas más peligrosas; se trabajan los músculos dorsales para contener patadas; se reciben o se paran golpes con palos con los antebrazos o abdomen, etc. Métodos hay muchos, pero la idea es la misma: sufrir cierto castigo "dosificado" para hacerse relativamente insensible preparándose para el momento en que haya que defenderse de un ataque mayor.

Sin embargo, existe otra forma de encarar la búsqueda del "no-dolor" durante un combate, y es esquivando el dolor, no dejar que este se produzca, buscando que la fuerza del enemigo o rival se redirija hacia sí mismo. La famosa metáfora, el historia oriental que cuenta que "un árbol grande y duro se rompe ante una gran tormenta, un junco aparentemente débil y flexible la resiste". La flexibilidad (ju), y el ceder a la fuerza en beneficio del ataque o la defensa (chikara-no-oyo) es por lo tanto otra forma de entender un combate lucha.

Algunas artes marciales combinan ambos estilo, sacando lo mejor de cada una de ellas: la flexibilidad y la fortaleza, una forma de combate dura y blanda al mismo tiempo, según sea necesario. Esta sería, según entiendo, la forma ideal de entrenamiento marcial.