Dojomarcial: marcial
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domingo, 25 de septiembre de 2016

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viernes, 20 de noviembre de 2015

Por qué no será más fuerte que los demás practicando artes marciales

Thomas Hobbes, uno de los filósofos más influyentes y destacados en filosofía política, puede enseñarnos algo fundamental sobre las artes marciales y la defensa personal: por qué no será usted más fuerte que los demás, aún siendo un artista marcial.


En su más reconocida obra, Leviatán, Hobbes, como todo filósofo con miras universalistas, habla sobre la naturaleza de hombre en general y, apasionado de la filosofía política, de cómo se comporta en sociedad en relación al poder de dominar o dañar a los demás.

Así, reflexiona, todo hombre no es más o menos igual a cualquier otro: el más fuerte no se diferencia demasiado del más débil. Pese a que algunos se sientan superiores a otros, lo cierto es que todo hombre, todo artista marcial incluso, necesita comer, necesita respirar y necesita dormir...si otros hombres más "débiles" que él le niegan la comida o se la envenenan (agricultura con agrotóxicos), le niegan el aire que respira (contaminación...) o lo atacan mientras duerme, el más fuerte de los hombres, el más entrenado de los artistas marciales, puede caer ante el más débil, a condición que se asocie con otros, que espere simplemente el momento adecuado o que use algún arma que la tecnología o la ciencia le pueda proveer para matar o dañar a alguien más fuerte que él...

Incluso hay que considerar un hecho aún más obvio: nadie puede mantenerse en estado de alerta todo el tiempo, ni siquiera mientras está despierto. Cualquier artista marcial sabe que aún poseyendo un "sexto sentido" para los puntos ciegos de ataque, hasta el más experto de los guerreros puede ser atacado por sorpresa y/o a distancia, de forma tal que no pueda evitar ser herido por cualquier otro ser humano.

A nivel intelectual, según Hobbes, la igualdad es aún todavía más marcada. Pese a que todos creen ser más inteligentes que los demás, lo cierto es que se debe solo a una falta de modestia propia del ser humano en general.

Así, muchos empiezan a practicar artes marciales o defensa personal, consciente o inconscientemente, porque quieren ser más fuertes que los demás. Si reflexionamos como lo hizo Hobbes, nos damos cuenta que lograr eso es imposible. La única forma de sobrevivir en una sociedad numerosa es colaborando entre los miembros de la misma, individualmente, el más fuerte será siempre el más débil si logra la enemistad del resto: será linchado. Si se hace enemigos más que amigos, terminará mal o dependerá de su suerte para sobrevivir, y ya no digamos para vivir bien o tranquilo...

Dicho de otra forma: practicar artes marciales nunca, incluso antes de la existencia de las armas de fuego, hizo a alguien inmune al ataque de otros, ni tan siquiera más fuerte que el mayor de los débiles.

Esto significa que buscar una seguridad física en la práctica de las artes marciales orientadas a la defensa personal es una quimera.

Pero lo que no es una quimera es que la seguridad y la confianza sea interior.

Y lo que tampoco lo es, es que esta búsqueda nos lleve, precisamente, a tener menos enemigos...

Todo lo anterior no quita que las técnicas, la táctica y la estrategia marcial nos pueden evitar muchos problemas y ayudar a defendernos en la realidad de ataques reales: ante un golpe o un cuchillazo ya lanzado e inevitable, no queda más que actuar. Las "herramientas" marciales que poseamos, en ese sentido, bienvenidas serán siempre en este mundo moderno donde muchos quieren avasallar a los demás, ante el hecho consumado, no podemos permitir ser avasallados.

Pero no hay que creerse inmunes, por mucho que sepamos, como ya recalcé más de una vez.

En otras palabras: la humildad no es una posición hipócrita, es una posición necesaria y consecuencia de lo que nos enseña el camino marcial.

Las "herramientas" no son el fin del artes marcial, son solo una mera aplicación para la autodefensa, un corolario de algo más vasto e interno que la simple defensa ante un ataque.

Como suele pasar en la vida, entramos por una puerta, y terminamos descubriendo un lugar que no esperábamos encontrar, pero mejor de lo que hubiéramos imaginado. Eso pasa con aquellos que emprenden disciplinas marciales esperando dominar por la violencia (aunque más no sea por motivos de defensa) y terminan cooperando por la paz. Algunos lo llaman suerte, otros destino y otros, en fin, lo llaman hacer camino al andar.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Marketing en la artes marciales

Algunas reglas simples para distinguir un arte marcial de verdad de una farsa basada en el uso del marketing. Y también alguna reflexión al respecto.

Aikido - Dojomarcial
Proyectando en aikido

Al igual que sucede con cualquier tipo de contenido disponible en internet, lo que se dice sobre un arte marcial en particular tiene que ser abordado por el lector con una mirada crítica, tratando de evaluar lo que hay de verdadero o de marketing, a veces es expuesto como un arte marcial o un método de defensa personal infalible o maravilloso, cuando no lo es.

Puede mentirse conscientemente o por desconocimiento. Sin duda, lo primero es lo más objetable, y de esas prácticas amorales se sirve el marketing. No se me ofendan, por favor, los que se valen de eufemismos técnicos y a esto le llaman "estrategia de marketing" en vez de "mentira para lograr ganar dinero"...tengo la mala costumbre de llamar a las cosas por su nombre, qué le vamos a hacer ;-)... Lo cierto es que las artes marciales no son para nada la excepción, en ellas también hay marketing.

Por eso vamos a cansarnos de ver páginas y sitios webs que promocionan a un "nuevo arte marcial", un "nuevo sistema", un "nuevo método" de artes marciales, defensa personal, combate, lucha, ataque, fitness, wellness, acondicionamiento físico y todas las palabrejas que queramos meterles. Y sí, no queda más que desconfiar...

Aquí les listo una serie de preguntas a hacerse antes creerse lo que se afirma desde un (supuesto)arte marcial en internet. Estas preguntas son solamente punto de partida intuitivo que, al menos a mi, me sirve para rápidamente saber cuando tengo que "huir" de un texto sobre un supuesto "arte marcial":

  • ¿Se acaba de crear? Un arte marcial sin tradición es, cuanto menos, algo que le falta madurar...o peor, está utilizando "medias tintas", tomando de aquí o de allá lo que en otras artes marciales se hace más seriamente. Si se trata de una disciplina creada en las últimas décadas, desconfíe.

  • ¿Es fácil y rápido? Nada que es fácil y rápido puede ser realmente bueno, sobre todo en el ámbito de las artes marciales y la defensa personal. Las disciplinas marciales, por muy fáciles o naturales que sean, requieren esfuerzo y muchos años de práctica para poder se aplicados con ciertas garantías de eficacia, o siquiera para empezar a comprenderlos.

  • ¿Es un "sistema" o "método"? Desconfío de estas palabras, que me disculpen los artes marciales "ultramodernos"...me suena a refrito, a ensalada, a "de todo un poco" pero, en definitiva, simpre superficialmente, sin profundizar en nada. Quizás será que creo en el "DO" no en "sistema". Puede que un "método" o un "sistema" se conjugue en un maestro, en una persona, y este logre algo nuevo a partir de su experiencia en diferentes artes marciales, no digo que no...pero convengamos que casi todo está inventado actualmente, con miles y miles de años de tradición marcial, el cuerpo es el que es y los movimientos corporales limitados. De vez en cuando en la historia surgen grandes maestros que fundan (no "crean") algo que, con el paso del tiempo, se reconoce realmente como un arte maciral nuevo pero, sin duda, son las excepciones. Además, el artista marcial o maestro ya es cada vez más raro, éste ha dejado paso al profesor o instructor. Los grandes descubrimientos marciales al parecer son cosa del pasado, quizás porque lo fundamental ya ha sido hecho en esta materia.

  • ¿Es mixto? Por favor...no me salten a la garganta los amantes del MMA, etc. Aquí podemos encontrarnos con un problema de nombres, aclaro: me refiero a los artes marciales, no a los deportes de combate, sino a las disciplinas marciales como método de defensa y camino de vida. Curiosamente las "artes marciales mixtas", no es un arte marcial, es un deporte de lucha o de combate. Eso sí, usa técnicas de diversas artes marciales para luchar, de ahí que sea "mixta". O sea, que aplica de todo un poco, nada en profundidad (aunque, en la práctica, cada luchador se especializa más en algo) y nada que haya creado el propio MMA a nivel marcial (que no deportivo). Claro que uno puede defenderse usando técnicas de MMA, pero en realidad, no usa técnicas de MMA, ya que eso no existe tal cosa: usa técnicas de judo, karate, juijitsu, lucha libre, etc. etc. El MMA es principalmente la creación de un sistema de reglas deportivas o para la competición, que delimitan un combate o torneo diferente a los hasta en ese momento existentes, como puede ser deportes como la lucha libre profesional, la lucha grecorromana, o la faz competitiva de artes marciales modernas como el judo, el karatedo, el taekowndo, etc., que también podemos considerar a este respecto o forma de aplicarse como meros deportes de combate, deportes de contacto o deportes de lucha.

  • ¿Tiene un nombre rimbombante en inglés ? Curiosamente, el marketing suele abusar de los métodos con nombres anglosajones, y veremos "cosas" que incorporan palabras como "fight", "fighting", "system", "well", "defense" o incluso "revolution", "power", "warrior", "weapons" etc., usando también muchas abreviaturas o acrónimos de tres letras, o agregándole la palabra "moderno" a los nombres de antiguas artes marciales. Traduciendo, o en criollo, esto se llama "sanata", "guitarreo" o "verso" :-D

lunes, 13 de octubre de 2014

Lo marcial tradicional, lo deportivo y lo competitivo

Suele oponerse lo tradicional a lo deportivo en el ámbito de las artes marciales y, sobre todo, ante la clasificación de ciertas artes marciales modernas como deportes de combate o deportes de lucha. ¿Pero es posible tener un espíritu deportivo y/o competitivo compatible con las artes marciales tradicionales?

Durante años, participé y sigo participando en diferentes torneos y competencias de distintas artes marciales: como budoka, como profesor, como parte del equipo arbitral, como cronista y también como simple espectador. Algunas de estos encuentros fueron organizados por instituciones marciales que podríamos llamar "tradicionales". Otras, lo fueron por artes marciales "deportivizadas" (o no tradicionales), donde competir es la principal razón por la cual se entrena, el objetivo al que derivó la disciplina y por la que se organiza el evento.

En todos estos eventos vi dos tipos básicos de actitudes por parte de los participantes: está el que sale a ganarle o demostrar que sabe a los demás, "cueste lo que cueste y caiga quien caiga" (incluso el mismo y toda etiqueta marcial); y está el que sale a hacer lo mejor posible o simplemente a mostrar y compartir con otros, con humildad y más allá del resultado...suena a tópico, pero es lo mismo que decir que estas son las personas que salen "a vencerse a sí mismo" o a respetar a todos...incluso a compartir lo que saben con todo el que quiera, sin guardarse nada.

Estas dos actitudes que acabo de describir son, por supuesto, dos extremos ideales que raramente se ven "puros" en la realidad. Pero son actitudes bajo las que, de una forma u otra, se engloban todos los participantes de estos eventos marciales-deportivos. ¿Recuerdan la película karate kid?...sí, ahí se refleja de alguna forma este contraste (dramatizado, por supuesto) por poner uno de tantos ejemplos cinematográficos que podría citar.

Estas actitudes que se dan en un encuentro marcial no se limitan a los participantes activos o a los individuos únicamente. También se aplican a los grupos, equipos y al público en general, a la forma de alentar a los compañeros (con o sin respeto por los demás) o de hacer lo contrario (insultar, vilipendiar...). A la forma de participar, de compartir o de atacar a los demás. Se reflejan a su vez en la forma que tienen de comportarse los competidores, maestros, entrenadores o escuelas con el equipo arbitral, los organizadores o con otras escuelas o equipos. E incluso en la forma de ser del público en general como "colectivo" que asiste a presenciar y acompañar, en el (o la falta de) respeto a las instalaciones que utilizan, etc.

Por supuesto, las buenas normas de conducta superan totalmente el ámbito de las artes marciales y deportivas: varían de un individuo a otro, de una familia a otra y de un país o región a otra, siempre de la mano de la educación. Es decir, de lo avanzada (educada) que sea la persona o el grupo al que uno pertenezca o que lo haya educado. También pasa con la organización, escuela marcial, dojo, etc. de la que uno es miembro, un grupo o subgrupo más.

Pero al margen de estos ámbitos particulares/grupales, me pareció comprobar que, en un mismo país, puede variar enormemente la actitud de las personas (individualmente o como grupo) en un evento pensado como un complemento a la actitud marcial tradicional, comparado con uno organizado alrededor del hecho meramente deportivo, que viene a significar que todo gira en torno a querer ganar y poco más.

Un ejemplo muy gráfico que puede aclarar a lo que me refiero es el hecho de que, cuanto más "competitivo" es el evento, más irrespetuosos son los que lo protagonizan (incluyendo al público) en comparación con un evento "tradicional".

En la peor de las expresiones del aspecto competitivo sin una actitud verdaderamente deportiva de "juego limpio" ("fair play") se grita, se ensucia, se rompe, se insulta al contrario, se discuten las decisiones o se falta el respeto a los jueces y árbitros, se llega incluso a hacer trampa o a buscar la forma de superar el espíritu del reglamento al margen de su letra ("hecha la ley, hecha la trampa") y un lamentable etc. etc. que incluye hasta el robo, y que se refleja en una tensión y un estrés, en una mala onda o agresividad claramente palpable en el ambiente.

Contrariamente, cuanto más "tradicional" es el evento, las personas son, en resumen, más respetuosas de los demás. Se comparte más. Hay más confraternidad, tolerancia y apertura. La gente está más relajada y disfruta más, al margen del resultado deportivo concreto. Lo importante, se ve claramente, es el viaje, no el destino...se va a aprender, a experimentar, no simplemente a intentar ganar o demostrar.

Sin embargo, para nada creo que la competitividad sea ineludiblemente algo negativo. No obstante lo cual, soy consciente de que si no se tiene claro el aspecto positivo de competir, hacerlo puede llevarnos por un muy mal camino.

Dicho de otra forma, competir puede ser una forma de educar(nos) o de retroceder, individual, moral y socialmente hablando.

Hay que diferenciar aquí la actitud "deportiva" y la "marcial", de la actitud meramente "competitiva".

La competitividad como fin y sacada de contexto trae grandes problemas a uno mismo y a los demás: el perseguir ganar como si fuera el objetivo, a nivel educativo-laboral, político, etc. etc. Es la actitud de "pisar cabezas" con tal de llegar más arriba. La de "el fin justifica los medios". Un mal camino por el que va, hay que decirlo, el mundo en general. Y (creo profundamente) las artes marciales y los deportes deberían remar contra esta corriente, no dejarse llevar...

Una actitud marcial es claramente otra cosa de una actitud competitiva, me parece que no hace falta explicarlo aquí. Pero incluso una actitud deportiva es claramente distinta de la simplemente competitiva.

De hecho, la llamada "deportividad" persigue una actitud mucho más cercana a la visión que tienen las artes marciales tradicionales de lo que es el deporte y la competencia. Es decir, una visión del torneo como una herramienta interna para lograr algo más elevado, incluso de una herramienta no imprescindible y que, en todo caso, tiene un ciclo que se agota independientemente de las habilidades físicas, sino por elección, para luego seguir más allá.

Por eso, si en artes marciales se elige competir, para no perder el rumbo hay que tener en claro (en mi opinión) ciertas cosas.

Lo primero es que competir implica buscar ganar. No se puede disimular este hecho o decir que uno va "a competir". Uno va a competir para ganar. Sino se trataría de un juego, no de una competición...contrariamente el que, jugando, solo tiene en mente ganar, está confundiendo precisamente un juego con una competencia.

Lo segundo es saber que competir implica unas normas y ciertos encargado/s de interpretarlas y ponelas en práctica que SABEN MAS QUE NOSOTROS ya que se dedican a ello en ese momento y lugar, y nosotros nos dedicamos a competir.

A su vez, estos son seres humanos y van a equivocarse SIEMPRE. Más o menos, pero SIEMPRE. Este hecho no debe preocuparnos ni alterarnos. Debemos saber que no podemos hacer nada para cambiar y, por diversas razones, muchas veces ocurren estos (desde nuestro punto de vista al menos) "errores de juicio" de las reglas que terminan (una vez más, desde nuestro punto de vista) "perjudicándonos".

Lo tercero que hay que saber es que hay personas que compiten con nosotros. Sí, también son humanos. Debemos respetarlos y cuidarlos, no comérnoslos crudos con tal de ganar...

Lo cuarto a saber es que ganar o perder en una competencia de artes marciales (o de cualquier otra cosa) no es algo realmente importante en la vida. Llevarse un trofeo o una copa no es importante. Ser el campeón del barrio, o incluso del mundo, no es importante. No señores, NO ES IMPORTANTE. Piensen simplemente en un chico muriéndose de hambre, por ejemplo. ¿Entienden a lo que me refiero? Por eso competir incluso para un deportista no es realmente imporatle. Lo que importa es como uno viva con uno y con/por lo demás.

Está claro, igualmente, que el ganar suele ser el reflejo de un logro más o menos importante si lo sentimos así. Y está bien. Pero no es realmente lo importante. Lo importante de un arte marcial, el fin último, sea esta caratulada como "tradicional" o no, no está en la faz competitiva, en una exhibición, en una demostración, en un curso o en un seminario. Lo importante está en la actividad en sí que realizamos, que va más allá del momento puntual de la competición, de ganar, de empatar o de perder.

Marcialmente, nuestra disciplina depende de la actitud anterior, actual y posterior a cualquier evento. De una actitud de vida, de avance y retroceso continuo, no "puntual" (por "el punto", que da la victoria) sino de largo plazo, de constancia, de respeto del otro, de perseverancia. En artes marciales japonesas esto se llama "DO". No lo olvidemos.

martes, 5 de noviembre de 2013

Evaluando al maestro, eligiendo al alumno

Evaluar al maestro podría parecer en principio una contradicción, y de hecho en algunos casos lo es. Pero lo cierto es que desde siempre, pero todavía más en los últimos tiempos, el alumno debe elegir a su maestro, al margen de que el maestro también elija a su alumno.
 
Como el proceso de enseñanza-aprendizaje es uno y mutuo, si el educando no ejerciera su derecho de elección, el resultado sería educativo sería el de "adoctrinamiento", o simplemente el fracaso de la enseñanza, ambas cosas poco deseables en una sociedad democrática (o que aspire a serlo) al menos.

Por supuesto el derecho de evaluar al maestro no es ilimitado y propio de todos. Los menores de edad claramente no está en condiciones de hacerlo. Los adultos, por su parte, tienen la obligación de hacer esta elección cuando buscan una oferta educativa, y aunque lo primero es elegir la institución donde uno aprenderá, cada vez es más normal elegir también los maestros o profesores, ya sea por un proceso perfectamente contemplado en las normas del centro educativo, o informalmente, por el simple "desprecio-aprecio" que a largo plazo van ganando ciertos maestros o profesores como consecuencia de sus actitudes, su profesionalidad, su capacidad para enseñar, su sabiduría, etc.

Así, vemos que en muchas universidades es normal elegir a ciertos profesores dentro de una misma asignatura, y cambiar de profesor o de asignatura en caso de que este no cumpla nuestras expectativas, sin que esto afecte a nuestro currículum académico o a los tiempos calculados para terminar una carrera, ya que está contemplado como una práctica común y reglada.

En el caso de la enseñanza no formal, no académica o que se guía por reglas internas estipuladas por federaciones, asociaciones o grupos, como suele ser la enseñanza deportiva o de las artes marciales, a veces este proceso de elección del profesorado no está contemplado formalmente, pero se hace con la misma o mayor facilidad incluso. Porque evidentemente alguien que paga a una institución privada para aprender algo (club, gimnasio, academia, etc.) y no se siente cómodo con aquel o aquellos que enseñan, simplemente abandona el curso o la clase, deja de pagar y se va.

Como vivimos, la elección es la primera evaluación posible, y no se trata de algo que se hace solamente cuando empezamos una actividad educativa, sino que es un proceso constante, ya que los profesores son personas que (como todos) van cambiando, para bien o para mal. Pero hay que hacer algunas salvedades o aclaraciones sobre cuál es la capacidad de evaluación del alumno de sus profesores, y hasta donde puede llegar.

Debemos recalcar antes que nada lo que dijimos al principio: el proceso educativo es una actividad que atañe tanto a alumnos como a profesores, y esto significa que los profesores y/o las instituciones educativas también eligen a sus alumnos.

En efecto, está claro que no cualquier persona puede acceder a cualquier tipo de educación. Esto muchas veces es lamentable, además de ser un hecho.

Es de lamentar que un "limitador" o "discriminador" de alumnos sea su capacidad económica, por ejemplo. O el simple hecho de haber nacido en determinado país que tiene muy pocas posibilidades de darle una buena oferta educativa. O el tener determinado estatus social, determinados padres, determinada, en fin, suerte o fortuna. Ciertamente si alguien no tiene dinero para pagar unas clases o no tiene un lugar donde poder estudiar, difícilmente podrá aprender. 

Pero otras veces la limitación a cierto tipo de educación es justa y razonable, ya que lo que se persigue es elegir a los mejores entre los candidatos a un cierto tipo de enseñanza.

Para ejemplificar lo anterior, pongamos el caso de las artes marciales. Tradicionalmente el alumno o "discípulo" era elegido por el profesor o "maestro". Al menos esa es la idea que se tiene hoy en día, incluso los que no saben de artes marciales o solamente las conocen por las películas. Sin embargo, lo cierto es que la cosa no era tan sencilla ni tan "unilateral". Por un lado, los maestros tenían muchas razones para elegir a sus alumnos, siendo una de ellas la de la cantidad de alumnos que podían tener si querían realmente dar una buena instrucción. Otra era quizás la necesidad de mantener esos conocimientos marciales, que muchas veces no se limitaban a la "violencia", sino todo lo contrario (meditación, zen, etc.) en el círculo de su familia. 

Esto último nos lleva al tema que más nos interesa: el de la aptitud del alumno o su capacidad de aprender y preservar un arte que al ser en este caso realmente peligroso (la capacidad de matar a alguien) no se le podía enseñar a cualquiera. Es decir, la "elección" del alumno busca garantizar que éste tendrá una cierta capacidad de esfuerzo y de persistencia para aprender, por un lado, y de responsabilidad o "moral" para no aplicar negativamente lo aprendido, o saber aplicarlo bien.

En el caso de la educación universitaria, esas "condiciones y responsabilidades iniciales" que un alumno debe cumplir, se miden con una nota de ingreso. Y así, en muchos países solamente se puede optar a ingresar a ciertas carreras universitarias si se tiene la nota adecuada, siendo la nota más exigente la de la carrera con más "demanda".

Sin embargo, actualmente, la enseñanza de las artes marciales contemporáneas está al mismo nivel que la enseñanza obligatoria en muchos países, y esto para mal. Ahora los límites están marcados muchas veces antes por el dinero que se tiene para poder pagar una clase y por la capacidad de las aulas para albergar alumnos (que no es la misma que la capacidad que tiene un profesor de tener alumnos y atenderlos individualmente a todos, sino mucho mayor). Es decir, la enseñanza se ha masificado, y eso tiene su lado negativo.

Masificar las clases es degradar un sistema educativo, ya que antes que todos tengan una educación mediocre, es preferible trabajar para que todos la tengan de calidad, es decir, "nivelar hacia arriba" no "hacia abajo".
 
Este límite está marcado por la experiencia y/o sabiduría del profesor. Porque un alumno adulto puede evaluar hasta cierto punto la capacidad de un profesor para enseñar en función de sus resultados (de si aprender o de que la mayoría aprenda), pero lo que no puede es juzgar a un profesor sobre conocimientos que él (el propio alumno) no posee. En resumen, no es lógico hablar sobre lo que no se sabe, mucho menos emitir juicios de valor sobre ello.

En la práctica esto significa que un alumno puede estar atento a si las clases que sigue le satisfacen o cubren las expectativas que tiene. Si esto no ocurre (ya sea porque no está buscando lo que el profesor enseña, o porque considera que el profesor no lo enseña de forma adecuada en comparación a otras ofertas educativas) obrará en consecuencia, se cambiará de clase, de curso, etc. Pero mientras lo anterior no ocurra, el alumno dentro de la clase debe respetar la autoridad y la sabiduría del profesor, que nunca deberá cuestionar en público por una cuestión de respeto y de lógica aplastante: se va a una clase para aprender de un profesor, no para intentar enseñarle. 

Y esto también hace referencia a la posibilidad de que no entendamos lo que el profesor explica. Porque esto bien puede ser un problema nuestros y no del profesor. Para salir de dudas sobre si se trata de un problema del profesor o nuestro, solamente hace falta ver o compararse con otros alumnos que tengan nuestros mismos intereses en la clase en cuestión, y si estos alumnos también se sienten defraudados, sin duda o el profesor no explica bien, o la clase no es para nosotros, lo que en la práctica implica lo mismo: no debemos estar ahí, hay que cambiar. 

Esto, que parece una verdad evidente, tautológica, muchos lo pasan por algo. Vemos así que en muchos casos alumnos que se creen "aventajados" se dedican a criticar abierta o subrepticiamente a su profesor. Esta actitud no tiene que ser nunca toleradas por sus compañeros, y mucho menos por el propio profesor si se entera de ella, ya que mina la propia autoridad del que es el responsable de que todos aprendan, y crea un ambiente de "chusmerio" o "marujeo" propio de el mercado, no de una clase a donde se va a aprender. 

Las criticas al profesorado por parte del alumnado son, por cierto, imprescindibles. Si un maestro eligiera a sus alumnos, y estos no pudieran elegir a su maestro, estaríamos hablando de adoctrinamiento, y en algunos casos incluso de fanatismo ciego o esclavitud, algo de lo que se han aprovechado muchos líderes, gurús y tiranos. Pero hay un momento y lugar para todo, incluso para las críticas. Y por eso la evaluación del maestro es algo personal que debe implicar decisiones personales, y no servir nunca para faltar el respeto a aquel que se dedica a enseñar, si es que de verdad se dedica a enseñar, y no a adoctrinar. 

Como siempre, te invito a participar usando los comentarios. Al mismo tiempo, si te gusta el blog o esta entrada, recomendala usando los botones de "Twittear", "Me gusta" y "+1 de Google"

Saludos desde Dojomarcial Dojukai!

sábado, 19 de octubre de 2013

El sentido de las katas en las artes marciales

Aquellos que ven a las artes marciales desde fuera, por desconocerlas, y aquellos que las ven desde dentro, por ignorar muchos de sus fundamentos, ven a las katas [1] como una simple forma más de práctica asociadas con la estética...esto es una simplificación, y vamos a aclarar acá porqué.

 

Las katas o formas ceremoniales tienen una fundamental razón de ser que va mucho más allá de lo lindo que es verlas ejecutadas correctamente. Esta razón es simple y lógica: mantener la técnica a lo largo del tiempo.
Algunos pueden pensar que de esto se encarga la práctica de toda arte marcial en su conjunto, pero esto no es así, y lo es aún menos desde el momento en que existe la competición.

Para empezar, cada maestro tiene su forma de ver una técnica y por lo tanto de explicar y/o ejecutar una técnica al enseñarla. Como es lógico, los profesores adaptan la técnica o el estilo a su cuerpo (tamaño, peso, etc.) y a sus posibilidades físicas (flexibilidad, fuerza, etc.). Esto no sólo está bien, sino que es inevitable, y sería ficticio pretender que todos hagamos las técnicas iguales, como fuéramos robots hechos en serie y no seres humanos. Pero por otro lado, aquí vemos el riesgo que se corre de perder en los detalles la idea fundamental o original que le da el porqué a cada técnica, llave, proyección o golpe (porque cada estilo y cada forma tiene un porqué físico y entendible), ante esto vemos el valor las katas, ellas intentan mantener vivos y fijos (dentro de lo posible, adaptados a cada artista marcial) los fundamentos de cada técnica.

Este razón de ser de las katas todavía cobra más importancia cuando uno ve (con tristeza en mi caso) como las competencias desvirtúan las técnicas en pro de "el ganar". Ganar parece ser el objetivo de todo deporte competitivo, cuando inicialmente no era así, y mucho menos en las artes marciales, donde lo principal era que estas nos den una filosofía en el sentido amplio, nos beneficien en todos los aspectos de nuestra vida, y no simplemente nos sirvan para coleccionar trofeos y medallas.


En algunas artes marciales se compite haciendo katas, y aunque exista incluso allí cierta desvirtuación de las posturas técnicas en función de la estética, al no haber contacto con el rival (las katas se hacen de forma aislada, por parejas o individualmente) la posibilidad de pervertir la técnica debido al mal uso de la fuerza o circunstancias externas prácticamente no existe.

Pero la aplicación de la técnica correcta en las katas no es inmutable, tiene también una historia de variaciones en el tiempo. Esto no significa que cada uno tenga que hacer las katas "como le parezca" o modificarlas a placer. Eso se lo reserva a grandes maestros, y al paso de lo siglos.

Por otro parte, aunque suele describirse a las katas como ejercicios o coreografías basadas en combates reales, esto no es del todo cierto. El objetivo de la práctica de las técnicas en las katas es muy variado, y no necesariamente claro. De hecho, muchas katas tienen movimientos que buscan ser adrede crípticos, algo que los maestros en la antiguedad hacían para evitar que las técnicas fueran conocidas por otros maestros, clanes, familias o escuelas rivales. La secuencia de movimientos, por tanto, no significa necesariamente la defencia ante ataques consecutivos de un mismo o varios atacantes: las interrupciones, cambios de ritmo, distancias, pausas y otras cuestioes son pistas que nos pueden indicar que en realidad el kasta afronta distintas situaciones que no tiene que ser correlativas en tiempo y lugar.

Así es como la correcta técnica de una kata tiene, además, un sentido que puede aplicarse a distintas facetas del arte marcial en cuestión, dependiendo de cada kata. Uno de los sentidos de la técnica puede ser la defensa o el ataque, otro la práctica de la respiración y/o la meditación zen, o incluso la forma con determinados fines místicos y (por supuesto) estéticos. Estos sentidos son siempre ne alguna medida complementarios, pero normalmente una kata suele priorizar uno de ellos, y con esa idea debe encararse.

Más allá de ser una tradición y una forma de cultura (de transmición cultural), estos son los sentidos prácticos (y no tan prácticos) fundamentales de las katas, y por eso deben preservarse. Por eso aplaudimos la realización de competencias de katas donde se prioriza precisamente el aspecto técnico de su ejecución, y por una vez gana o ganan aquél/llos que dominan mejor técnicamente el arte marcial y no los que buscan meramente una belleza dictada por la moda contemporanea e influida por la competición deportiva donde lo único importante es ganar.
 
Notas:
[1] En este artículo utilizamos el género femenino para hablar de "kata". Sin embargo, somos conscientes de que en algunos países de habla hispana, dependiendo de la región, del maestro, etc., se habla de las katas en masculino. En realidad, creemos que esta diferencia semántica no importa demasiado, ya que la palabra es una transliteración del japones no existente originalmente en el idioma castellano.

viernes, 4 de octubre de 2013

La difícil tarea de ser humilde

Algunos confunden el significado de la humildad al relacionarlo o incluso equipararlo de forma indisociable con el de pobreza. Sin embargo, la humildad, a diferencia de la pobreza, es una virtud. Una virtud esquiva y difícil de lograr, pero a la que todos deberíamos aspirar, sobre todo en el mundo marcial...
 
Humilde es aquel que se dio cuenta de que lo complicado no es saber, sino dejar de creer que uno sabe más que los demás. Sobre todo sin tener en cuenta quienes son los demás. Creerse mejor o sabio en una disciplina, ya sea en comparación con otras disciplinas similares o con otras personas que no se conoce más que de forma indirecta, es el gran error que comenten muchos y que les impide alcanzar la virtud de la humildad.

¿Pero en qué consiste ser humilde? Humilde es aquel que demuestra lo que es con los hechos, con la actitud. Aquel que no es soberbio ni pedante, porque sabe que nunca se acaba de mejorar, y que siempre alguien puede ser mejor. A nivel intelectual la humildad, por tanto, es contraria a toda forma de fanatismo, y escapa a los creyentes de verdades absolutas en cualquier ámbito.

Ahora, un punto quizás más importante aún sobre el que debemos interrogarnos: ¿aporta ventajas la humildad desde el punto de vista de la supervivencia o de la vida cotidiana?, ¿o simplemente facilita el sometimiento a otros?. En este punto hay que aclara que de la misma forma en que humildad no es sinónimo de pobreza, tampoco debe serlo de debilidad. El límite de la humildad que uno puede tener lo ponen precisamente las personas que no son humildes. Porque uno puede tolerar la ignorancia cuando uno saber...puede incluso reírse para sus adentros ante las personas que creen que saben en un ámbito que nosotros dominamos más...pero lo que una persona no puede, por muy humilde que sea, es tolerar que alguien que no sabe intente darle lecciones para las que no está capacitado. Si a esto se le suma una actitud irrespetuosa, violenta o soberbia, la reacción debe ser cortar en seco tales irreverencias de la forma que haga falta.

El mundo de las artes marciales y de la filosofía, tan distantes y tan próximos depende del punto de vista desde el que se los mire, se peca mucho de soberbia y se conoce poco lo que es juzgar por hechos y actitudes ante que por lo prestigio jerárquico a veces injustificado. Muchos creen que hay que respetar a tal o cual persona simplemente porque "es un filósofo" o "es un cinturón negro", y rendir pleitesía a estos por simple titulits que muchas veces no refleja una verdadera sabiduría.

Un verdadero maestro es ante todo humilde, el que no lo sea no merece llamarse maestro ni ser respetado como tal. Lamentablemente, en la filosofía, la religión y las artes marciales muchos estamos cansados de soportar a pedantes "maestros" que blanden la bandera de la verdad (su verdad) como si fuera la única en el universo, incluso aunque las propias leyes universales de la gravedad o el sentido común los contradigan. Y por supuesto, como ya mencioné en más de una oportunidad, todo aquel que se creen sabedor de la verdad absoluta, se creerá lógicamente con el derecho de tratar a los desconocedores de la misma como inferiores, e incluso "evangelizar a la fuerza". Es la tan peligros lógica del fanático que no entiende de humildad.

La ventaja de que un maestro fanático o del filósofo que esgrime una verdad absoluta, es que mostrará un punto de vista de forma tan "fuerte" que facilitará el aprendizaje...pero cuidado, una cosa es aprender un punto de vista enseñado con convicción fanática por un profeta, y otra olvidarse de que es un punto de vista y creer que es una verdad absoluta, o la única interpretación de la verdad revelada. En mi opinión, del maestro y el filósofo convencidos de su verdad como "LA" verdad, hay que aprender "SU" verdad, pero no copiar su absolutismo. Enfrentarse a ellos e intentar hacerles entender el relativismo de lo que dicen es una total pérdida de tiempo. Hay que actuar aquí como el agua y fluir ante su dureza de sesera tomando lo que podamos y dejándolos atrás cuando ya no nos aporten nada más.

Desde el punto de vista de la supervivencia entonces, la humildad nos protege de los fanatismos, y nos prepara para estar abiertos al aprendizaje, a nuevas experiencias. La humildad es necesaria para perfeccionarse, para poder aprender. Porque aquél que cree que sabe todo, difícilmente acepte que le enseñen nada. Y el que no sigue aprendiendo, llegará un momento en que será superado por los humildes, y estará en inferioridad de condiciones como para salir adelante en cualquier situación, ya sea en la vida cotidiana o en una emergencia.

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domingo, 15 de septiembre de 2013

¡Bienvenidos a Dojomarcial Dojukai!

Dojomarcial dojukai es un blog que pretende transformarse en un espacio para todos los artistas marciales de habla hispana y también para aquellos que, sin serlo, admiran las artes marciales como forma de vida, como deporte o aplicadas a la defensa personal.

Es nuestra intención ir creando periódicamente artículos que nos ayuden a comprender más las artes marciales en general, y las japonesas en particular, tanto desde el punto de vista técnico como filosófico. Para esto nos apoyaremos no sólo en este blog, sino también en nuestro Canal de Youtube Dojomarcial Dojukai, y en las redes sociales: nuestra cuenta de Google+, Facebook y Twitter ya están activas y disponibles para todos ustedes, y desde ellas difundiremos nuestras publicaciones a todos los que gusten de compartir y participar.

Dojomarcial es un dojo virtual llevado adelante por practicantes de artes marciales, y buscará difundir los diversos aspectos de las disciplinas marciales desde un punto de vista del formador profesional (maestro o profesor) y del practicante (alumno o artista marcial), pero sin descuidar a aquellos que quieren simplemente descubrir este casi infinito mundo y formar parte de la gran familia de lo que los japoneses llaman "Budo".

En Dojomarcial iremos publicando, por tanto, distintas opiniones y reflexiones sobre la temática marcial. En este blog intentaré hacer participar a todo practicante de artes marciales digno de mi confianza que crea pueda aportar algo a este gran caos de internet, que pueda servir, en definitiva, para el artista marcial que recién empieza o para aquel que hace tiempo sigue el camino de superarase a sí mismo.

Esperamos poder lograr con este proyecto virtual que cada uno de nosotros y, por extensión, este mundo, mejoremos para bien.

Están invitados a participar usando los comentarios y, si les gusta el blog, a recomendarlo usando los botones de "Twittear", "Me gusta" y "+1 de Google".

Una vez más bienvenidos a todos.

Prof. Federico,
Aikidoka, Judoka, Karateka y creador de Dojomarcial Dojukai.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Budo: Diccionario de artes marciales

Budo : Camino o vía ("do") marcial ("bu").

Artes marciales japonesas, en cuanto a su conocimiento técnico y de los valores éticos y espirituales que las engloban.