Kohai : Predecesor o persona con menos experiencia que uno en artes marciales japonesas. Transliteración del japonés. Literalmente,
compañero ("ai") que estuvo o "fue" después ("koh"), a veces escrito
erróneamente como "sempai". Significa, más propiamente, el que está practicando un arte marcial japonesa desde un tiempo después que uno, por tanto, al
que se le merece un respeto añadido por poseer mayor experiencia que
uno. A veces solamente se designa con ese nombre por extensión al alumno
más antiguo de la clase, como "el" senpai, que en este caso sería
equivalente al más veterano. Su término opuesto es "senpai".
Toda vez que alguien tiene una jerarquía o grado menor en un arte marcial dada, independientemente de que su tiempo de práctica sea mayor que el de uno, igualmente se lo considera kohai.
En realidad este término excede el de las artes marciales japonesas, ya que se aplica en japón a toda organización jerárquica, e implica mutuamente a su opuesto, sin poder darse la relación de "senpai" sin un correspondiente "kohai".
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El kenjutsu puede considerarse un arte marcial originaria de Japón, aunque en realidad es el conjunto de técnicas (jutsu) del sable japonés (ken), llamado a veces genéricamente katana (o mal llamado "espada"), utilizado en diversas escuelas tradicionales de artes marciales o koryu, lo que algunos llaman "estilos".
Video demostración de kenjutsu usando bokken y shinai.
En kenjutsu se utiliza tanto la katana en sí, como diversas armas que la simulan en la práctica pero son menos letales, tales como el bokken o el shinai.
Existen, sin embargo, artes marciales japonesas que practican técnicas de ken, usando bokken, por ejemplo, pero que no dicen hacer kenjutsu, ya que lo entienden dentro del contexto de su particular arte marcial. El kendo ("camino del ken") o el aikido, junto con el iaido, son los ejemplos más claros. Este último se especializa en las ténicas de desenvaine de la katana en el contexto de un "camino" (do), y es además un arte marcial moderna (gendai budo) no una escuela antigua (aunque hay escuelas de iaido con fuertes componentes de escuelas antiguas que hacían "iaijutsu").
En cualquier caso, la raíz samurai de estas técnicas es innegable, y por eso, ya sea directa o indirectamente, hay una línea de conexión con el pasado y la tradición muy fuerte que en Japón sigue viva de la mano de la continuidad de varias escuelas tradicionales de kenjutsu que, pese a sus pocos practicantes, siguen luchando por sobrevivir.
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El cinturón es actualmente y por tradición un símbolo y una necesidad en las artes marciales. Aquí hablamos sobre su orígenes, historia usos, etiqueta y costumbres que hay que respetar en cuanto a esta prenda de la indumentaria marcial, incluyendo algunas las formas tradicionales de atarse el cinturón.
El cinturón, llamado "obi" en japonés, originalmente no tenía mayor importancia práctica en la vestimenta y moda del antiguo imperio nipón que la de evitar que se abriera el kimono (literalmente de "ki" de "kiru", "llevar" y "mono", "cosa" o "algo"). Pero la importancia no es solo práctica en lo que a la moda se refiere, y más todavía en un pueblo tan espiritual como el japonés. Así, existían y aún subsisten diversos tipos de "obis" que son usados para diversas ocasiones, y lo mismo se puede decir del tipo de nudos que se aplican a los mismos. Entre los más conocidos podemos mencionar al maru obi (el más formal), el fukuro obi (menos formal) y el nagoya obi (el más moderno, surgido en el siglo XIX y menos formal), cuyo nivel de formalidad era inversamente proporcional a su comodidad.
Al extenderse el uso de las artes marciales japonesas y otras, la costumbre de usar un obi o cinturón para atar el atuendo oriental usado en estas disciplinas se hizo universal, ya que la indumentaria de las artes marciales modernas es derivada del kimono, llamada más correctamente y de forma genérica keikogi o keikogui ("gi" era originalmente la ropa interior que se usaba bajo el kimono), y con un nombre específico que lo distingue en diferentes artes marciales: jodogi para el judo, karategi para el karatedo, aikidogi para el aikido, kendogi para el kendo, jujutsugi para el jujutsu, etc.
INDICE
Cinturón y jerarquía marcial
Cinturones y economía
Uso correcto del cinturón y degradación de las costumbres
Atarse correctamente el cinturón, tutorial práctico
Cinturón y jerarquía marcial
Por tanto, originalmente el color del cinturón, incluso en artes marciales, no tenía mucha relación con el nivel del alumno, el cual era establecido pura y exclusivamente por su maestro, sin que este tuviera ningún tipo de "referencia objetiva" del mismo. Sin embargo, como ya mencioné en otra oportunidad respecto de la pureza en artes marciales, esta idea fue cambiando con el paso de los años, hasta hacer que el color del cinturón se relacionara con el supuesto nivel de destreza de su portador.
La versión más romántica dice que el sistema de los cinturones de colores para indicar el nivel del alumno marcial está inspirado en las artes marciales tradicionales y el original uso del cinturón blanco. A medida que se avanza en la práctica de las artes marciales antiguas, el cinturón se iba ensuciando, y esa suciedad "del blanco al negro" indicaba el progreso del alumno, razón por la cual tradicionalmente no se lavan los cinturones, al igual que pasa con las banderas. Podríamos decir que la "opacidad" del cinturón marcaría su "historia", y por lo tanto un reflejo físico de la experiencia marcial etérea y menos cuantificable de su portador. De ahí que en las artes marciales en la que no se usa el cinturón, se tenga como tradición (opcional) no lavar el cinturón blanco, así su suciedad va reflejando "teóricamente" el nivel del alumno, su tiempo de práctica (o, al menos, la continuidad con la que limpian o no el tatami de su dojo ;-) ).
Lo cierto es que en Japón (y posteriormente en el resto del mundo) la introducción de los cinturones de colores es posterior a la definición de grados de aprendizaje entre los alumnos de cada arte marcial, algo creado o al menos institucionalizado por Jigoro Kano en el judo.
Jigoro Kano institucionalizó e hizo popular un sistema de grados usado ya por algunas escuelas de jujutsu, que dividía a los alumnos en "kyus" y "danes". Para identificar este nivel jerárquico entre los alumnos en el dojo, además del orden que se mantiene en la fila al saludar al inicio y fin de la clase, se establecieron tres cinturones distintos: el blanco (sexto, quinto y cuarto kyu), el marrón (tercero, segundo y primer kyu) y el negro (primer a quinto dan).
Los cinturones de colores como intermedio entre el blanco y el negro son un invento posterior surgido de la mano del llamado "método Kawashi" que asociaba ciertos contenidos mínimos que debía dominar cada alumno para acceder a cada cinturón de color, cada uno asociado con un kyu, del sexto al primero, en este orden: blanco, amarillo, naranja, verde, azul y marrón. Como se puede apreciar, el orden elegido para los colores va en función del "oscurecimiento" del blanco hasta llegar al negro, lo cual parece corresponderse con la tradición que anteriormente explicamos como origen del uso del cinturón negro como símbolo de experiencia y por lo tanto de estatus (jerarquía).
A nivel infantil sobre todo, se crearon además cinturones intermedios entre estos, para lograr que los chicos tuvieran un avance más lento y progresivo hasta llegar al cinturón negro.
Se dice que la creación de cinturones se hizo necesaria para que la mentalidad occidental, ávida de progresos, viera reflejado en algo físico sus avances marciales. Quizás por eso aún hoy en Japón (y en las escuelas de artes marciales de todo el mundo que se consideran más tradicionales) se sigue usando principalmente cinturones blanco, marrón y negro (además de los rojos y rojos blancos para los cinturones superiores) para identificar kyus y danes, limitando en general la utilización de los cinturones de colores a la práctica de artes marciales infantiles y al extranjero.
Cinturones y economía
Todos estos niveles, kyus, danes, cinturones, etc. también puede verse como motivados por una cuestión económica, o al menos son compatibles con esta. Al liberalizarse la enseñanza de las artes marciales con las nuevas gendai budo, y luego deportivizarse, el maestro pasó a ser profesor, y en todos los casos un profesional al que, como es lógico, se le debía remunerar por su labor. Por supuesto, los antiguos maestros también cobraban por su trabajo, y esto no sólo no es malo, sino que es necesario.
Pero la liberalización e incorporación de las artes marciales a los deportes las reunió en federaciones, clubes, etc. que también querían su parte de lo que empezaba a ser un incipiente negocio. Así, además de pagar una cuota por practicar y/o aprender un arte marcial, actualmente (en aquellas que se institucionalizaron a nivel deportivo) se cobra por avanzar de nivel o por intentar ser reconocido como de un mayor nivel (exámenes), por pertenecer legalmente a la misma a través de una federación, por participar en cursos, por titularse como profesor para poder enseñar, además de por las diversas indumentarias oficiales necesarias para competir "legalmente", etc.
Esto significa que a mayor cantidad de niveles, mayor es el dinero que deja un practicante en artes marciales para su profesor, club, federación y (muchas veces, por extensión) el gobierno y estado que regula todas estas prácticas deportivas, las tasa con impuestos, etc.
Uso correcto del cinturón y degradación de las costumbres
A medida que pasa el tiempo, y sobre todo en la sociedad occidental (lo cual actualmente se refiere a casi todo el mundo, en cierto sentido) las costumbres de la etiqueta marcial o "rei shiki" se fueron relajando, ya sea directa o indirectamente. A esto contribuyó mucho el "mestizaje" de las artes marciales con los deportes, que dieron como resultado el priorizar normalmente la competencia antes que otros aspectos más tradicionales de las artes marciales, tanto antiguas como modernas.
La relajación en las buenas costumbres dentro de un dojo, incluso se llegan a adoptar algunas prácticas totalmente contrarias a la filosofía que implica el uso de un cinturón negro. Un ejemplo de esta decadencia de las artes marciales lo constituye la producción por parte de algunos inadaptados de los cinturones gastados artificialmente. En efecto, es sabido que los cinturones negros, con el uso, se van gastando y quedando con trazas blancas. Pues hay personas que buscan lograr lo mismo gastando el cinturón a propósito, como si esto no fuera más que una señal de su propia ignorancia marcial aumentada al cuadrado. Dicho de otra forma: el hábito no hace la monje y la mona, mona queda aunque se vista de seda.
El uso del cinturón no es una excepción, y así vemos tristemente como la mayoría (y no creo sea una exageración, sino una realidad) de los practicantes de artes marciales, incluso de altos niveles, no saben atarse correctamente el cinturón. La falta de la enseñanza de la etiqueta y/o la despreocupación por aprenderla llega a estos preocupantes niveles.
Para empezar, hay que decir que al cinturón hay que tratarlo con respeto, ya que refleja nuestra sabiduría...o debería. De hecho lo hace aunque no lo queramos, ya que podemos verificar un hecho curioso, fruto de cierta "selección natural": aquellos que son buenos artistas marciales en su disciplina llevan "casualmente" en perfectas condiciones de higiene y colocación su atuendo, tanto keikogui como obi, este último bien atado. Los que no, no...por tanto, indica sabiduría, para bien o para mal.
El cinturón también tiene, como es obvio, su razón práctica de ser: impedir que se abra el keikogi es la más evidente. Pero también en algunas artes marciales su función es servir de guía, por ejemplo, para saber si estamos moviendo la cadera como es debido, o para sostener la katana con su funda o el bokken (iado, aikido etc.).
La etiqueta manda que en principio nunca debe dejarse el cinturón tirado en el suelo: si se nos desata durante una práctica, debemos hacer un alto en el entrenamiento para volver a atarlo como es debido. Sin embargo, un cinturón correctamente atado, por definición, nunca debe desatarse durante toda nuestra sesión de aprendizaje marcial, hasta el momento en que lo desatemos nosotros mismos ya que (precisamente) esta es otra de las razones de hacer un nudo correcto con nuestro cinturón. Estos detalles hacen a la autodisciplina marcial.
El cinturón implica cierta jerarquía, y esta cierto orden que a su ve deviene en cierto respeto. En la práctica, esto significa que siempre hay que atender e intentar aprender más de aquellos que portan cinturones más "altos" que los nuestros. A su vez, la rei shiki dice que nunca debe denegarse la invitación a practicar de nadie, pero mucho menos de un cinturón más alto.
El cinturón, como dijimos, implica indirectamente un cierta disciplina con aplicaciones prácticas durante una clase de artes marciales. Por ejemplo, siempre que se trabaje cierta técnica o ejercicio por parejas, y salvo que el profesor o maestro que de la clase haya estipulado lo contrario, empieza a ejecutar la técnica el practicante con cinturón de mayor graduación.
Se dice que el cinturón no debe ser lavado, como ya explicamos. Sin embargo, esto tiene sus contradicciones "morales", sobre todo en aquellas artes marciales en las que se pretende que el no uso de cinturones de colores hasta llegar al cinturón negro implique la igualdad entre todos los practicantes kyus o, al menos, el no marcar la diferencia con una prenda de vestir.
La aplicación de la educación física a las artes marciales hace que se incorporen muchos materiales didácticos a las clases, y se aprovechen los que se tiene como "herramientas" para practicar, y es cierto que esto incluye al cinturón, sobre todo cuando se da clases a chicos. Esto significa que existe la posibilidad de usar el cinturón bajo las órdenes del profesor para realizar algún juego o práctica. Esto no debe considerarse una "afrenta a las costumbres tradicionales" ni mucho menos, ya que de ninguna forma tiene que implicar la pérdida de respeto por el compañero y por el propio cinturón, o el uso del cinturón irrespetuosamente fuera de dicho contexto (antes, durante o después de la práctica) como lamentablemente se puede observar en algunas clases de infantiles (pegarse con el cinturón, dejarlo tirado y seguir practicando sin él, llevarlo mal atado, etc.). El profesor o maestro responsable es el que debe garantizar que se mantenga este respeto independientemente de los momentos lúdicos de la clase.
La experiencia nos enseña que estas son algunas de las pequeñas normas que garantizan un orden y que evitan perder tiempo en clase de artes marciales, ya que (como suele suceder) todo tiene una razón en las disciplinas ancestrales, aunque la desconozcamos.
Atarse correctamente el cinturón, tutorial práctico
Atarse un cinturón, bien mirado, no deja de ser algo trivial: como decía el señor Miyagi (Karate Kid), el cinturón, a fin de cuentas, no es mas que para evitar que se caigan los pantalones ;-). Sin embargo, por varias razones que mencionamos en este artículo, el cinturón a pasado a ser algo más en el contexto e las artes marciales, y por lo tanto requiere cierta atención que aquí le brindamos a modo de análisis divulgativo. Esto incluye el saber cómo atárselo correctamente. Vean el video de abajo:
Para que no haya excusas basadas en la ignorancia en esta época en que de nada sirve guardar secretos en las artes marciales, ni en ninguna otra parte (porque el que no da, no recibe), decidimos hacer un video tutorial sobre cómo atarse el cinturón correctamente, según nuestra experiencia y dependiendo el caso, para aquellos que si bien no lo saben, desean aprender, primer paso para toda sabiduría. Pero además aquí explicamos los preceptos más importantes a tener en cuenta para nunca olvidarnos de hacerlo bien.
¿Dónde se ata el cinturón?
El cinturón debe atarse a la altura de la cadera (nunca en la cintura), del hara, para con su presión sobre este recordar el tandem, punto central para el dominio de las artes marciales. Debe sentirse atado sobre las crestas ilíacas (parte superior del ilió, principal hueso de las caderas) y no sobre estas (cintura).
¿Cómo se ata el cinturón?
Debe dar al menos dos vueltas antes de atarse y sobrar a ambos lados de forma proporcional el resto del cinto. El sobrante debe ser de la longitud suficiente como para que pueda atarse y desatarse con facilidad, sin correr el riesgo de que se nos desate involuntariamente. Si nuestro cinturón no nos permite hacer esto (ya sea porque falta cinto o porque sobra) es que sencillamente no es de nuestro tamaño y tenemos que conseguir otro (o esperar a crecer...o adelgazar...o pasar de cinturón ;-) ). Hay excepciones al respecto con obis más anchos, como los usados en artes marciales como el iaido, donde el cinturón da más vueltas y se ata sin sobrande porque su principal función práctica es la de sostener la funda de la katana.
Luego de hacer el nudo, este puede "asegurarse" de diversas formas, algo sobre todo recomendable en artes marciales de lucha o cuerpo a cuerpo, donde se permite agarrar el keikogi o incluso el propio cinturón durante el combate, como sucede en el judo. En otros casos (como en karatedo) se recomienda todo lo contrario, no hacer un sobrenudo, ya que el sobrante de cinto suelto (las puntas o "bigotes" del cinturón) deben moverse al son de nuestra técnica para indicar un correcto uso de la cadera como expresión del dominio del hara.
¿Cómo debe quedar un cinturón bien atado? ¿Qué nudo hay que usar?
Lo más importante es que quede simétrico, proporcional y plano. Es decir, que de por lo menos dos vueltas sobre sí mismo a la altura de la cadera y termine adelante con exactamente la misma cantidad de sobrante de cinto a cada lado. Se dice que este equilibrio es señal de un artista marcial a su vez equilibrado y centrado.
Si se divide en dos para empezar a atarlo desde adelante (forma más normal en que aprende a atarse el cinturón los principiantes) lograr esto es físicamente imposible, ya que el cinturón se cruzará a la espalda, no se enrollará sobre sí mismo como debería ser (ver video). Si el nudo no es plano, sino un nudo simple, también es casi imposible conseguir la simetría, por lo que tenemos que esforzarnos en aprender a hacer el nudo plano o cuadrado.
¿Dónde debe colocarse el nudo?
El lugar en que se ata el nudo del cinturón también tiene su importancia. Tradicionalmente en el atuendo japonés el nudo solía atarse atrás, con algunas excepciones notables, como el de las prostitutas, que se lo ataban adelante por una cuestión práctica (es más fácil de hacer y deshacer).
En artes marciales el cinturón también suele atarse adelante en casi todos los casos, en la línea media del cuerpo, por cuestiones de practicidad (no de mismo tipo que las trabajadoras del sexo antes mecionadas, claro está ;-) ) aunque también con algunas excepciones, como sucede por ejemplo en algunas escuelas de kempo karate tradicional, donde solamente el maestro puede atarse el nudo en el centro, y los alumnos se lo atan a la derecha (mujer) o a la izquierda (hombre), y atárselo adelante no sólo está mal desde el punto de vista de la etiqueta, sino que implica desafiar a muerte al maestro que da la clase...así que ojo con usar un cinturón mal atado y que se mueva...porque al menos antes constituía un error difícil de remediar ;-).
Más de una vez me preguntaron (y yo me
pregunté en su momento) cuál es la importancia de la respiración
en las artes marciales, así que voy a dar la visión que tengo
actualmente sobre este tema.
Sanchin, un kata de karatedo que se mueve en función de la respiración.
Partamos del hecho de que en toda
actividad física o deportiva, la respiración, como base de todas
nuestras funciones metabólicas, es sin duda importante. Obviamente
si no respiramos bien, no nos oxigenamos bien y, por lo tanto, la
sangre no distribuye el oxígeno ni elimina el dióxido de carbono
como debiera. La actividad física incluye la actividad mental (ya
que el físico está regido por el sistema nervioso, y este es, a su
vez, indisociable de lo físico). O sea, la coordinación y los
reflejos no es posible si nuestro cerebro no funciona bien, y este no
funciona bien si no respiramos bien. Partiendo de este punto de vista
racional, es evidente que las artes marciales, como actividad
físico-mental, tienen que prestar atención a la respiración.
Pero la respiración es un proceso
inconsciente, así que bien podría decirse que no hace falta pensar
en ella o trabajarla de forma consciente, como se hace por ejemplo en
karatedo, en aikido, etc. Es aquí cuando hay que hablar de otros
elementos que, desde el punto de vista marcial y de la meditación,
nos aporta una respiración controlada.
Desde el punto de vista anatómico,
para poder respirar debemos poner en funcionamiento varios músculos,
principalmente el diafragma: cuando el diafragma se contrae y eleva,
se inspira, y cuando se distiende y desciende, se espira. A ello
ayudan, combinan su fuerza a través de cadenas musculares, los
músculos abdominales, entre otros: todos ellos en acción no sólo
permiten la respiración, sino también hablar, toser, gritar,
defecar, tener un hijo y, en definitiva, concentrar la fuerza en lo
que los japoneses llaman el "seika tandem" o el "hara",
es decir, el "centro" del cuerpo que se ubica, de forma
clásica, tres dedos por debajo del ombligo y a la altura del centro
del cuerpo.
Es un hecho que, a partir de la postura
del diafragma y los músculos abdominales, se podrá hacer más o
menos fuerza al fijar el centro del cuerpo, ya que por allí se
cruzan las cadenas musculares que permiten casi todos los movimientos
[1]. Por ejemplo, al evitar el descenso del centro del diafragma,
transformándolo en un punto fijo, elevamos las costillas y tensamos
el abdomen. Estos músculos rodean y estabilizan a su vez lo que es
el centro del equilibrio corporal, L3 y L4, vértebras lumbares que
son el eje de rotación de la columna. Al mismo tiempo, la
respiración va de la mano con la relajación: en función del
control voluntario o involuntario del ritmo respiratorio uno puede
relajar los músculos, bajar las pulsaciones y entrar, en definitiva,
en un estado de relajación...o todo lo contrario, si se eleva dicho
ritmo
Recapitulemos: la respiración no sólo
es importante de por sí por su función por todos conocida, sino
que, a través del diafragma y los músculos abdominales (entre
otros) nos permite, además de relajarnos o tensarnos ante una
situación determinada, dominar ciertas fuerzas corporales que
controlan el equilibrio y permiten, básicamente, mover de forma más
o menos eficiente cada músculo del cuerpo, asociado a las cadenas
musculares que cruzan por la zona central del tórax y el tronco.
Todos estos hechos racionalizados en la
era moderna gracias a la ciencia (medicina, biomecánica, educación
física, ciencias aplicadas al deporte, etc.) los conocían en la
práctica los maestros de artes marciales mucho antes, de ahí la
importancia ineludible que debían darle a la respiración. Al hacer
consciente, por tanto, esta actividad inconsciente permitían darle
la importancia que tiene en el entrenamiento o la práctica, para
luego, en condiciones reales, dejarla otra vez que fluya hacia el
inconsciente unida con la técnica marcial, que también termina por
desaparecer en movimientos naturales o naturalizados.
Pero los maestros de artes marciales
van más allá en su uso de la respiración, ya que para ellos la
respiración es un mecanismo fundamental para lograr la meditación
y, por lo tanto, trascender el plano físico de las funciones que,
hasta ahora vimos (someramente) tiene la respiración sobre el cuerpo
humano. Meditar implica controlar la respiración, ya que el control
de la respiración equivale al control del pulso, y este al nivel de
excitación o tranquilidad del ser humano. En un combate, el
autocontrol es algo fundamental, y este punto en común es lo que
hizo que la respiración y la meditación se "fundieran" de
forma indisociable con las ares marciales: quien controla el miedo a
la muerte y lo trasciende puede convertirse en el guerrero perfecto
(samurais y su bushido, etc.).
Así, vemos que se han diferenciado
muchos formas de respirar, y asociado a diferentes técnicas
marciales en diferentes disciplinas y artes. Por ejemplo, se habla de
respiración abdominal cuando se acompaña el acto de respirar con
una elevación y descenso del abdomen; de respiración sonora
exhalando por la boca, cuando esta hace un ruido que proviene del
diafragma (de forma similar a la técnica que usan los profesionales
del canto para no forzar las cuerdas vocales) o, contrariamente, de
respiración imperceptible de tipo nasal, no sonora, muy utilizada en
meditación; también se diferencia el hecho de que la respiración
vaya en función de los movimientos de un kata,
o los movimientos sean, al contrario, regidos por la respiración.
Todas estas formas de respirar tienen
una razón marcial y/o mística muy determinada y estudiada por
diferentes maestros de arte marciales, y que hace de la respiración
muchas veces la pieza fundamental sobre la que, tarde o temprano,
descansa el progreso técnico y (lo que es más importante)
espiritual de sus practicantes. Por ejemplo, golpear bien inspirando
es imposible, solamente podemos golpear espirando o reteniendo el
aire, pero nunca inspirando. Este hecho se aplica a la ejecución de
muchos movimientos técnicos donde la espiración se asocia a un
grito, lo que en artes marciales japonesas es el "kiai".
"Kiai" es, precisamente "ki"
(del que ya hablamos) más "ai", lo que se puede traducir
como "unión" o "armonización". En la práctica,
se usa la expresión para denotar la fuerza de un ataque mediante un
grito (espiración) y excede el ámbito de las artes marciales:
piensen, por ejemplo, lo que hace un tenista al golpear con la
raqueta, o un lanzador de martillo, bala o disco al lanzar su peso,
etc. Tradicionalmente el dominio del "kia" busca, en un
grito, unir lo físico con lo mental en el momento exacto de
equilibrio para vencer así al oponente. Incluso unir su mente con la
del oponente, priorizando la voluntad (también "ki") de la
más fuerte. Dicho de otra forma: respirar en el momento correcto y
de la forma correcta para moverse justo como es preciso.
Para los chinos el "qi" o
"chi", para los japoneses "ki", el "prana"
de los hindúes, etc., que habitualmente se traduce como "energía
vital" o "flujo vital de energía", en sentido amplio,
también significa "respiración" "aire",
"aliento" o incluso "estado de ánimo",
"voluntad" ya que la generación (o, más bien,
"captación") de energía interior va, para los orientales
en general, asociada al hecho de respirar, y este al estado
energético del individuo, lo que hace posible todo lo demás y,
desde ya, la práctica equilibrada de las artes marciales, donde
precisamente se pone en juego la vida misma.
El aikido es el camino ("do")
de la "armonización" (ai) de la "energía" (ki),
pero también de la armonización (ai) por medio de la "respiración"
(ki), lo que los recuerda al "kiai", ya que, de hecho, es
un término equivalente a "aiki", donde simplemente se
invierte el orden, siendo tradicionalmente sinónimos.
El karatedo, a su vez, puede entenderse
como el camino ("do") de la mano ("te") vacía
("kara"), y lo vacío sólo puede ser llenado con "ki",
o solo puede uno ganar energía, renovarla, cuando está vacío o se
vacía de su energía interior, aire (respiración, una vez más) a
través de la práctica marcial. De hecho, la acción de recoger el
puño en karate se asocia a la captación de energía, y luego, lleno
de ki, se procede al ataque, para que así cada ataque sea más
potente que el anterior. La velocidad con la que se recoja el puño y
se inicie el ataque irá asociada a un tipo determinado de
respiración, distinguiéndose las siguientes secuencias
respiratorias:
Tan ton - Tan To : inspiración corta
espiración corta. Golpe rápido (explosivo).
Cho Ton - Tan To : inspiración larga
espiración corta. Golpe lento (potente).
En ellas puede haber períodos de apnea
que se conocen como "tai", que pueden ser cortos o largos,
dando así otras secuencias respiratorias como:
Ton No - Tai : aguantar el aire hasta
el momento del impacto del golpe.
Do No - Tai : aguantar sin aire para
iniciar una defensa ante un ataque durante otro ataque, por ejemplo.
Siendo la respiración el "qi"
o, al menos, la principal herramienta para conocer, captar y manejar
el "ki", se entiende su papel fundamental en las artes
marciales orientales. Porque la respiración es también lo que, al
meditar, une o puede ser el centro sobre el que giren los
pensamientos, las emociones, los instintos o los estados de ánimo
psicofísicos del individuo que medita, lo que algunos maestros
asocian con el estado del propio cosmos y su captación por parte del
practicante...como si al meditar "respiráramos con el
universo".
Teniendo en cuenta podemos entender a
algunas artes marciales como, además de como disciplinas físicas,
como "meditación en movimiento", podemos comprender
entonces porqué se centran en la práctica consciente e inconsciente
de respirar de distintas formas y con distintos objetivos, y la
importancia que tiene el aire que inspiramos y espiramos, el "hálito
vital", en la tradición marcial.
Notas:
[1] Los músculos, pese a lo que puede
creerse en un principio con un estudio superficial, no actual nunca
de forma individual, sino de forma sinérgica, antagónica o agónica,
con otros músculos del cuerpo, en lo que algunos autores han llamado
"cadenas musculares".
Mucho se habla de la cara oriental, de meditación, incluso
"mística" de las artes marciales en general. Probablemente se habla
tanto, como tanto se ha perdido este aspecto al emigrar las artes de
combate a occidente (física o teóricamente) y, con influencias de ida y
vuelta, mezclarse y confundirse con los deportes y con otras disciplinas
hasta la desaparición de lo que bien podemos denominar su "esencia".
¿Cuál es el sentido de las técnicas de meditación Zen en disciplinas
pensadas para la lucha cuerpo a cuerpo, con o sin armas, pero siempre a
muerte? ¿Cuál es el sentido de introducir la meditación Zen al combate?
La respuesta, al menos en lo que atañe al aspecto práctico o técnico,
podría sintetizarse en una frase: lograr el mayor control posible de
nuestros movimientos, en este caso movimientos (técnicas) marciales
destinadas a herir y matar, a vencer en el combate y la guerra en la
época en que las armas que contaban eran las armas blancas, y las armas
de fuego todavía no habían hecho su aparición devastadora.
En este contexto, la meditación Zen se entendió como un aliado
perfecto del guerrero, del Samurai: le proporcionaba una técnica mental
que, con suficiente práctica y dedicación, le enseñaba como dejar de
pensar. Entendámonos: dejar de pensar, en este contexto, implica dejar
de preocuparse por los pensamientos pasados y futuros, concentrarse en
el flujo de pensamiento del ahora, en los actos concretos que se están
ejecutando, transfiriendo el dominio consciente de la mente al cuerpo, a
los reflejos, a los movimientos psicomotrices grabados con la práctica y
la repetición en nuestro cerebelo, y que fluyen en los verdaderos
artistas marciales totalmente al margen de la consciencia. Traducido
esto al aspecto marcial, significaba que un guerrero podía concentrarse
totalmente en lo que estaba haciendo, independientemente de las
distracciones internas (preocupaciones) y externas (acciones del enemigo
que no influyeran directamente en su acción de combate).
La meditación Zen daba las herramientas para poder actuar desde
lo que podríamos denominar "el cuerpo instintivo" hacia "la mente
consciente", que sabemos ahora (o al menos estoy convencido)
no son nada diferente, sino lo mismo. Porque esto va más allá de las
artes marciales, es una ley que se aplica a todo movimiento corporal con
el fin de la eficacia. Toda técnica deportiva implica este camino:
pasar de la consciencia hasta aprender el gesto motor, al automatismo de
dicho gesto convertido en técnica, en estilo, y por lo tanto dejar la
mente para "guiar" ese flujo, reflejo instintivo aprendido (automatismo, mecanización) en la dirección adecuada, pero sin concentrarse en los detalles, sino solamente en el objetivo.
Por poner una metáfora tecnológica, sería algo así como lo que en
programación un analista de sistemas hace al manejar variables u
"objetos" que ya dentro incluyen una serie de tareas preestablecidas por
las que no tiene necesidad de preocuparse. O cómo un General que maneja
un ejército de soldados que sabe exactamente qué es lo que debe hacer y
lo hará independientemente de la consciencia de su General. O como una
tejedora que teje con lana prefabricada en un telar industrial. O, en
definitiva, como cualquiera que usa una herramienta que facilita el
trabajo, en este caso aprovechándose de las fabulosas capacidades
instintivas de nuestro cuerpo-mente.
Pero el Zen proporcionaba al Samurai algo más, algo que incluso
después de que sus artes guerreras se transformaran en obsoletas por la
evolución de las armas de fuego, igual siguió siendo útil. Útil no sólo
para los guerreros y artistas marciales, sino para cualquiera que (por
las circunstancias que fueran) se decidiera a seguir por el camino de la
meditación, que sin duda fue conservada hasta nuestra época por
doctrinas espirituales y artes marciales como el Karatedo, el Aikido y
otras (siempre y cuando sean practicadas en su totalidad, y sin
olvidarse de esta esencia ancestral que les daba sentido). Precisamente,
el Zen es lo que proporciona ese "DO" (camino) de todas las artes
marciales.
En mi opinión, ese plus (añadido al aspecto práctico para el
combatiente) que proporcionaba y sigue proporcionando el Zen, puede
dividirse en tres aspectos, tres escorzos de un mismo principio: el
cotidiano, el vital y el trascendental.
En el aspecto cotidiano, la meditación nos da tranquilidad, nos
pone en perspectiva los problemas de la vida al bajarnos a la Tierra, y
desinflarles (por decirlo de alguna forma) su pretendida universalidad,
su desesperación producto de exagerar un inconveniente simplemente
porque no podemos resolverlo de forma inmediata, o bien como
quisiéramos. Nos recuerda que somos animales mortales, no dioses.
En el aspecto vital, la medicación nos devuelve a las raíces
animales, instintivas de la vida. En definitiva, pone el sentir por
encima del pensar, y hace que todo problema (siempre fruto del
pensamiento, de deseos futuros insatisfechos) desaparezca. Ya que
cualquier ser deja de tener problemas mientras solo se concentra en
sentir y respirar, y nada más. De la misma forma que un gato no puede
más que sentir placer mientras ronronea.
En el aspecto trascendental, el Zen "ata" a la vida, hace dejar
de temer la muerte o (lo que es lo mismo) la incertidumbre por el
futuro. Dicho esto con la salvedad de aquellos filósofos y pensadores
que van más allá de la reacción del común de los mortales, el Zen
tranquiliza ante las grandes incertidumbres, desde algo tan simple y
orgánico como el acto de respirar y sentir, de percibir sin más, de lo
que los griegos llamaban "contemplación". Contemplación, en este caso,
al margen de toda interpretación consciente, pero contemplación de uno
mismo, desde adentro, en el más amplio sentido de la palabra.
Gracias por llegar a leer hasta este punto, todo un record en la era de
Internet. Por último les digo que, como siempre, que esta es solamente mi opinión, no excesivamente erudita, sobre este tema, de acuerdo a
mis conocimientos y mi reflexión racional, basados en
fuentes todo lo confiables que pude encontrar y en mi experiencia en las
artes marciales.
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Shinai: Sable hecho de caña de bambú diseñada para simular una katana, usada en kendo y kenjutsu como arma para la práctica marcial. Se considera más seguro (menos letal) que el bokken, ya que está constituido por cuatro varillas de cañas de bambú unidasm que lo hacen más flexible y menos peligroso para la práctica, incluso que el sable tallado en madera.
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Bokken : Sable tallado en madera que simula a una katana real. Utilizado para practicar las técnicas de katana con un menor riesgo de resultar lesionado. Actualmente es utilizado para la práctica en ciertas artes marciales japonesas, tales como el Aikido o el Kendo, remplazando muchas veces totalmente a la katana por motivos de de seguridad. También escrito "boken". "Bokuto" es sinónimo.
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Obi : Transliteración del japonés que significa "cinturón", "cinta" o "cinto", indumentaria necesaria para vestir un kimono o keikogi. En artes marciales japonesas, los Kyus pueden identificarse con cinturones de colores, y los Danes con cinturón negro, rojos y/o rojos y blancos, dependiendo del nivel y la disciplina marcial de que se trate.
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Kata
: 1.- Transliteración del japonés que en artes marciales japonesas
hace referencia a ejercicios en los que se realizan determinadas
técnicas psicofísicas en un orden, ritmo e intensidad establecidos,
priorizando la ejecución técnica, la aplicación práctica (defensa
personal) y/o la respiración , dependiendo el arte marcial y/o la
escuela de que se trate.
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Shime
waza: Transliteración del japonés, literalmente "técnicas de
estrangulación".
Uno
de los grupos fundamentales de técnicas de judo orientadas a
estrangular o ahorcar. Clasificacion del Kodokan. Las principales técnicas que incluye son: hadaka jime, sankaku jime, juji jime (kata juji jime, gyaku juji jime y nami juji nime), kataha jime y okuri eri jime.
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Shime :
Transliteración del japonés, literalmente, "estrangulación".
Existen
muchas técnicas de artes marciales japonesas que contienen esta
palabra. En judo existe todo un grupo de técnica especializadas en
estrangulaciones llamado shime waza.
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Eri
: Transliteración del japonés, literalmente "solapa".
En
artes marciales japonesas, solapa del kimono o keikogi (judogui,
keikogui, karategui, etc.) que se agarra con una o ambas manos para
realizar diversos ataques, estrangulamientos, etc. Algunas técnicas
que mencionan esta palabra son okuri eri shime (judo) o ushiro eri
dori (aikido).
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Musubi
dachi : Transliteración del japonés, literalmente "postura"
(dachi) de "unión" (musubi).
En
karatedo, postura, posición o forma de pararse o estar de pie con la
espalda derecha, las piernas estiradas, los talones juntos y los
dedos de los pies separados por un ángulo de 90 grados, siendo
bisectriz perpendicular a la línea media del cuerpo y coincidiendo a
su vez su vértice (unión de los talones) con la misma. Es también
la posición desde la que se realiza el ritsurei en karatedo.
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